Centellas
Centellas
Hasta entonces todo había funcionado bien.
Apenas un leve cambio en más de tres décadas.
Cuidado hasta el más mínimo detalle: los mismos sillones de pino brasileño tallado, las cortinas de seda con remates dorados, lámparas que impregnaban el ambiente de una suave tonalidad rosácea, la vajilla y la cubertería de estilo isabelino, tan del gusto.
Donde se había citado lo mejor de la sociedad de la época: ministros, banqueros, hombres de negocios, músicos y hasta algún poeta.
Pero...¿qué fue?...un capricho, una moda, un mal consejo, un lapsus imperdonable, no se sabe bien qué, hicieron que Madama Claude pusiera unas luces de colores en la puerta.
Gregorio
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